Altazor

Título: Altazor o el viaje en paracaídas | Autor: Vicente Huidobro
Editorial: Cátedra | Páginas: 208

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Altazor o el viaje en paracaídas es considerada una de las obras cumbres de Vicente Huidobro con la que el creacionismo alcanzó su máximo esplendor. Para muchos críticos, ese extenso poema es una obra metafísica, a la vez que un admirable y desconcertante texto. 

El poema se estructura en siete cantos a través de los cuales su protagonista, Altazor, realiza un viaje de descenso hacia el origen de la palabra, para poder volver al Paraíso perdido y dotar de nuevo a las cosas de nombre, para poder crear de nuevo. Como si Huidobro hubiese querido dotar a su movimiento vanguardista de un Dios, Altazor realiza su viaje en siete días y, tras esos siete días, puede crear un nuevo lenguaje, un lenguaje poético que no sea una mera fotocopia de la realidad, sino que cree la suya propia. Partiendo de la tradición cristiana, se realiza el viaje de apocalipsis al génesis, descendiendo en lugar de ascendiendo, como la caída de Lucifer desde los cielos hacia los infiernos. 

El lenguaje que utiliza Huidobro para expresar este desconcertante viaje crea en el lector una sensación de vértigo y de angustia ante lo desconocido, como si la caída no permitiera al lector observar y asimilar cuanto ocurre a su alrededor. Llama la atención, sobre todo, la escasez y, conforme se avanza en la lectura, la ausencia de signos de puntuación y la creación de palabras, así como la de asociación caprichosa de las mismas. El poeta se toma la libertad de inventar nuevos términos y combinarlos a su antojo para nombrar a las cosas como él desea, sometiendo así al lenguaje a la imaginación del poeta. 

Sol tú que naciste en mi ojo derecho
Y moriste en mi ojo izquierdo
No creas en los vaticinios del zodíaco
Ni en los ladridos de las tumbas

Resulta también muy interesante la asociación que hace el poeta de elementos que se podrían catalogar sagrados dentro de la tradición cristiana con los avances tecnológicos de principios del s. XX. El poeta introduce como elementos insignificantes la luz, los cables, la electricidad, etc. Son innumerables los juegos de palabras que dotan al poema de ritmo y de, como se ha señalado anteriormente, una velocidad vertiginosa que puede conmocionar al lector.

Es un poemario que requiere de una imaginación abierta por parte del lector, sabiendo que está asistiendo a la creación de la creación y que, cuanto conoce o entiende de poesía, debe ser olvidado. El lector debe, como Altazor, dejarse guiar por el canto del pájaro Tralalí y asumir las conexiones que establece el propio poeta, aunque estas aparentemente no tengan sentido. Tal y como Altazor confiesa, su descenso tiene la voluntad de levantar el mundo: Los sismógrafos señalan mi paso por el mundo

Se trata de una obra sublime pero que requiere de un nivel de comprensión lectora completamente nuevo. Al igual que se asiste al origen del lenguaje, considero que el lector debe asistir al origen de la lectura. Se debe comprender una nueva palabra, nuevos sonidos que designan nuevas realidades paradisiacas. Como si de Adán se tratara, Altazor nos invita al paraíso perdido de la palabra y, volviéndonos niños, nos hace aprender de nuevo el lenguaje, para hacerlo nuestro y someterlo a nuestra propia voluntad creadora, en lugar de a la voluntad de la Naturaleza. 

Ai aia aia
ia ia ia aia iii
Tralalí
Lali Lalá


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